La señora Márquez llegó a su casa armada con un martillo de demolición usado, nadie supo jamás cómo la había conseguido. Abrió la puerta violentamente con él creando un mar de astillas las cuales volaron hasta la sala. La chica del aseo se asomó asustada desde la cocina.
- ¿Qué hace con eso, señora?
- Vine a demoler esa pared.
La pared de la cocina representaba un obstáculo claro para sus necesidades, las cuales, después de tantos años se habían transformado en una sed enorme de destrucción que no se saciaba con los amantes ocasionales ni con las pastillas de prescripción médica, necesitaba algo más fuerte.
- Quiero más luz en la casa.
- ¿Pero qué va a hacer señora? ¿la va a tirar y después va a poner una ventana?
- No. Necesito luz y viento ¿no estás cansada de tantos cristales, de tanta protección?
La muchacha se quedó estática, le gustaba la protección. Desde siempre había sido una mujer tranquila de clase baja en busca de un refugio bonito donde guardar a sus críos. La pobre mujer había imaginado que tal vez cuando la señora Márquez falleciera en una de sus locuras aquella casa podría ser heredada por su familia. La señora había dicho si, meses atrás, durante una borrachera femenina en la que las dos participaron activamente hasta provocar un beso lésbico en el cuarto de servicio.
- ¿Eh? ¿No te molesta?
- Cálmese señora, es sólo una pared.
- No, no es sólo eso, es un obstáculo para que el mundo exterior entre y eduque a mi hijo ¿dónde está Genaro? ¡Genaro!
Genaro salió de su habitación, con los ojos a medio abrir, sin preguntar se acerco a su mama y trató de abrazarla, ella quitó su cuerpo haciendo una pequeña expresión de rabia. Genaro se quedó estático y mirando hacia el suelo, pensando en todas aquellas veces que había tratado de abrazarla, de todas las veces que había intentado quererla y de muchas otras veces que no tienen importancia para esta narración .
- ¿Que pasó mama?
Diana Márquez abrió la boca enseñando sus dientes perfectamente blancos, sus labios humectados con el precio alto de su labial, abrió la boca y de sus ojos salieron chispas, como aquellas que iluminaban el cuarto de Genaro cada noche, mientras dormía.
- ¿Te gusta esa pared?
Genaro sabia que aquellas chispas solo venían de su subconsciente, que eran solo una muestra de sus más oscuros deseos y que nada de lo que hubiera soñado se podía hacer realidad. Volteó a ver la pared, la misma pared de siempre, no tenía ningún cambio.
- Es sólo una pared mamá, no le veo nada.
- No te estoy preguntando si le ves algo, te estoy preguntando si te molesta.
Genaro intento ver mas allá de la pared, a través de la cal, intentó hacerla pedazos con la mente y descubrir su esencia. La duda máxima, los muros, toda aquella tarde reflexionó sobre los muros y como el hacerlos pedazos podía ser la clave para muchas otras cosas. Volteó a ver su madre con un dejo de orgullo. Aquella mujer, para él, estaba haciendo algo distinto, estaba juzgando su vida y al mismo tiempo, la de la humanidad entera. Diana Márquez después de tanto esperar respuesta sintió el peso de su mazo, dejó caerlo sobre el azulejo tronando un poco de su esmalte, Genaro reaccionó con extrañeza.
- ¿Mamá qué es eso? ¿Por que traes un mazo de demolición?
- Por que quiero tumbar la pared.
Genaro entendió todo, este era el final de la vida como la había conocido, las profecías eran ciertas, todo este tiempo había tratado de evadirse de que nada iba suceder pero era inminente, nunca pensó que la cosa empezara con su madre volviéndose loca y destrozando la pared de la cocina, pero que mas daba. Genaro sabia que las cosas estallaban de la manera menos predecible, no había ninguna pagina de Internet que pudiera explicar eso. Así que decidió no hacer nada, simplemente seguir con el protocolo madre - hijo incomprendido que habían llevado por años. Regresar habitación, abrir su foro personalizado y anunciarle al mundo entero de que la faena había comenzado.
- ¿Genaro a donde vas? Voy a tumbar esa pared, no me importa, la odio, y también odio tu computadora. ¡Si no sales a jugar o algo así también la voy a demoler eh! ¿entiendes?
Diana respiró profundo y observó cómo su hijo regresaba a su habitación para seguir evadiéndose en la computadora que había adquirido una semana antes por medio de la tarjeta de crédito del esposo de Márquez, quien para esos días ya decía que su mujer estaba loca.
- Has de creer que estoy loca, Genaro, pero ya verás, cuando tumbe esa pared verás de qué se trata todo esto.
La respuesta fue un portazo fuerte que hizo zumbar los oídos de la señora hasta dejarla más inconsciente de lo que estaba. Miró de nuevo a su enemigo, era blanco, con pequeñas estrías las cuales la habían convencido años antes de que eran un bonito detalle decorativo. Pero ya no era así, aquellas estrías eran ahora las venas de aquel monstruo de cal encapsuladora.
Sonó el teléfono, la chica del aseó respondió al segundo tono, se quedó congelada unos instantes frente al teléfono de la cocina.
- Señora, son los del banco otra vez, seguro le quieren decir sobre su deuda.
- Diles que no estoy.
- Pero señora ya van semanas que les digo que no está, ya no me van a creer.
La señora Márquez levantó el mazo para después dejarlo caer sobre la duela, creando así un estruendo alarmante.
- Este… no, fíjese que en este momento no está… salió a la calle.
Entonces decidió que era hora; los años, la vida, las piernas abiertas, los perfumes, los jadeos y un empleo de medias rasgadas, todo, todo era culpa de aquella asquerosa pared. Era claro que sus problemas venían de otra parte, que aquellos vacíos que sentía cada vez que se subía a su camioneta para ir a los cursos vespertinos producto de su estrategia adúltera no eran culpa de una pobre placa de concreto y yeso. Sin embargo era inevitable, sus hormonas habían llegado a un límite, las horas ya no le sabían a te Chai de amigas en sábado. Todo era amargo, como las cervezas irlandesas que tanto adoraba su esposo. Tenía que volver a amarlo, tenía que dejar de hacer pedazos su matrimonio y destruir algo más, algo como aquella pared. Caminó unos pasos hacia atrás, respiró hondo y dobló el cuello para tronárselo. Después con una voz ronca y masculina dijo:
- Desde hoy ya no existirás más, pinche pared.
Con grito venido de lo más hondo de su angustia se abalanzó contra aquella pared, derribándola de un solo golpe. Los vecinos se quejaron mucho, pero nadie se atrevió a enfrentar a aquella mujer del mazo rompe murallas. Decían que estaba loca, que su familia vivía aterrorizada bajo su dominio demoledor. Pero nadie tuvo tiempo de comprobarlo, dos semanas después, todos ellos estaban muertos.
Qué final...
ResponderEliminarMúsica en imágenes.
Interesante.
Con la mente y las medias rasgadas.
ResponderEliminarExcelente catarsis para la Sra. Márquez.